jueves, 2 de marzo de 2017

Apocalipsis 22:1-5


Cuando despedacen sus cuerpos con Titadine y Goma2, cuando obreros imbéciles y desmemoriados den al botón que haga saltar por los aires sus fechorías y latrocinios; cuando de la sede central bancaria tan solo queden las jácenas heridas y el ruido magullado de cristales rotos, entonces querremos buscar causas y culpables.
Son unos hijosdeputa, unos grandísimos hijosdeputa, pero son listos y poderosos, trileros y farsantes. Cuando los chavistas que han incendiado a las masas se den cuenta de su propia incompetencia, inferioridad e impotencia para vencer al enemigo, cuando reparen en lo ridiculo de luchar contra ellos con hoces y martillos recurrirán a la gasolina y al cocotel molotov.
Luego los señores de la guerra les venderán residuos de lágrimas y amonal para que jueguen a revolucionarios contra la injusticia y la impotencia como  sucedáneos de un Che guevara venido a menos. Y al final, casi al final, pedirán al pueblo incendiado para que inmolen a sus hijos bajo la promesa de un cielo futuro, gris e imposible. Renacerán Casados, Miajas y Bestieros que tendrán que humillar banderas ante los mismos de siempre. Los del medio seremos masa insignificante, los de abajo nada. Y aquellos que promovieron la sangre, la doctrina de Chomsky y Leclau, escribirán poemas desde la  playa turquesa del exilio reivindicando cuarenta años de dignidad.

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