lunes, 18 de junio de 2018

Un folio son 3000 caracteres sin espacios



Calculando que un folio de escritura a 12 son 3750 caracteres con espacios y 3000 arriba abajo sin ellos, eso significa que más o menos el 20% de lo que escribo es vacío, o sea nada. Calculando que de todo el rato a tu lado ha sido silencio una buena parte, deduzco que nuestro amor es el espacio que pasamos sin decirnos te quiero. Calculando los intermedios de nuestra película, el preludio sin besos ni jadeos cuando nos provocamos, quizá quiere decir que el momento en el que más me excitas es cuando pausas tus palabras y tiñes de ausencia tu mirada.
Cuando vagaba por los dieciocho me hacía preguntas de lo más absurdas que me llevaban a la angustia y la agorafobia. Recuerdo aquella que valoraba el espacio que quedaba tras el cielo, la redondez plana de la línea del horizonte, el mundo sin dios. En qué momento dejaba de ser yo para ser suelo cuando pisaba, en que momento la caricia invadía tu cuerpo y en que momento mis manos quedaban a las puertas de tu abismo.
Hablaba el otro día en uno de los blogs heteronimos, que la poesía moderna no es sino prosa con pausas, narraciones con salto de carro y silencios entre aforismos sugerentes. A veces de madrugada caigo en el vacío y lo que pienso se acumula en 1000 carateres apelmazados sin espacios. Quizás sea esa falta de espacio, lo que me genera la falta de aliento.

domingo, 22 de abril de 2018

Guerra Civil y banderas rotas.



Mi abuelo nunca me contó historias de la guerra, evitaba hablar de rencores fraticidas, expropiaciones de sueños, venganzas sostenidas en el tiempo. Mi abuelo nunca me habló de bandos, él que estuvo en el de Durruti y Ascaso de quienes hablaba pestes, por cierto. “Todos sabíamos que los fascistas eran lo peor, lo que más nos dolió fue descubrir que los nuestros no eran mejores”.
Mi abuelo nunca me contó historias de la guerra, me habló mucho sin embargo de la retaguardia y la posguerra. Me habló del hambre, de la cárcel, de juventudes robadas por fusiles y banderas  (“Quién nos resarcirá de nuestra adolescencia destruida” gritaba el poeta) de hospitales de muerte; de tísicos y amputados; de madres llorando a las puertas de morgues improvisadas.
A menudo me detengo a pensar cuántas mentiras tendrán que soportar los nietos sin abuelos bajo la excusa de cuarenta años de silencio. Me pregunto, si esta relectura maniquea de hoy durará otros cuarenta que sumen ochenta de oscuridad. La historia de España como arma que se tira a la cara del enemigo, decía el profesor Ramírez.
La narración torticera que pretende unir a los hijosdeputa de ahora con los hijosdeputa de entonces; como si entre ellos tuviera que existir necesariamente una relación de causalidad. Estoy arto de que no se pueda criticar a los extremos sin que te acusen de equidistancia.
Mi abuelo nunca me contó historias de la guerra, quizá porque tenía guardadas en un altillo cerrado con siete llaves todas sus banderas rotas. Quizá porque tiró al rio las llaves no fuera que a algún nieto le diera por enarbolarlas para defender con las ilusiones fallidas de entonces las injusticias de ahora.

jueves, 15 de febrero de 2018

Vine cerrando el blog y me voy renovándolo

Leo y me gusta, modestia aparte, lo que tengo escrito en este blog. Más largo que un poema, más corto que un dislate en el chicodelaconsuelo. Ocupa el papel preciso de esos dias en los que tienes vocación de escribir más rato sin irte muy lejos. 
Estoy leyendo a Murakami cuando habla de escribir y tiene la virtud, hasta lo leido, de bajar al escritor al suelo. Y es que quizás la gente que juntamos letras aspiramos a demasiado y nos damos demasiada importancia. Lo que viene siendo ser un intenso.
Escribir es un divertimento. Me desdigo aquí y ahora de las veces que he pintado el escribir como un ansiolítico barato. Lo que cura del escribir es desviar la atención de uno mismo, desfocalizar el ombligo como actor único de nuestros trasiegos mentales, entretener los pensamientos cuando entran en bucle pernicioso. O sea divertirse.
No se escribe para poder recordar sino para poder olvidar y pasar a otra cosa, lo que está en la libreta ya no tiene porque mantenerse en el magin que se arrebuja abrazando fijaciones.
Y resulta que he regresado aqui con la intención de importar lo que me gustara de este rincón y darle cierre y me voy 25 lineas y mil caracteres después escribiendo un post nuevo e indultandolo otro rato más, otros meses más.Dando voz al hermano gafotas que todos llevamos dentro.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

¿En qué sueño cuando despierto?

Al despertar cada mañana me pongo las gafas de ver, desentumezco los sueños, desato las sombras del duermevela y sin querer recito palabras que en otros tiempos fueron oraciones y hoy son tan solo poemas. Es como si soñara en verso, como si rimara palabras desnortadas con trazas de pesadillas. Me gustaría grabarlas en un magnetofono de voz pero sin pronunciarlas para que no se deshicieran como el terrón de azucar en el primer café. Me quiero levantar.
No me levanto, pero al ir enchufando el rincon de las tareas pendientes y de los deberes por cumplir, siento como si las frases fueran perdiendo sus letras una a una. Tengo el impulso irrefrenable de correr a escribirlas para no olvidarlas; pero sabedor de que no me dará tiempo, prefiero degustarlas despacio en un último intento por dejarlas ahí.
Pensar en vacio, pensar en nada mientras suena el segundo aviso tras ocho minutos de aplazar el despertar. Me imagino recitándolas, hablando de madrugada en una radio sin oyentes. Me imagino de mañana dando los buenos dias a eso de las seis abriendo la cancela sobre la musica de fondo de una sintonía de programa matinal. Y es que las palabras que se sueñan tienen vocación de audiencia. De no quedarse arrebujadas como los complejos en el silencio de lo que no se cuenta.
Enciendo el movil, le doy al acceso directo a mis sueños como si esperara un guasap del más allá; pero no me encuentro en la agenda de contactos. Abro la carpeta de blogs por si se hubiera escrito sin querer un post de improviso que encerrara en veinticinco lineas lo que me gustaría escribir; sufro desencanto al ver a pie de titulo el reproche de tres meses sin actualizar.
Me imagino de repente como un señor antiguo, de esos que hacían sus primeras abluciones con jofaina y aguamanil y al tiempo me represento bajo la ducha ardiente de esta mañana de noviembre limpiando de desasosiego mi pereza bajo rafagas en ducha multifunción. A penas ya nada queda de belleza cuando pongo los pies en el suelo, me toco para saberme y lamento un dia más no haber aprovechado los versos de vigilia para rellenar de frases el blog que abrí un dia y lleva tres meses sin actualizar.

sábado, 8 de julio de 2017

Ahora

Ahora que se aprecia el aquí y el ahora; ahora sin pasado; ahora que nuevas terapias reclaman el protagonismo del ahora en la Gestalt o en el Mindfulness; es precisamente ahora cuando más nos persigue el pasado, La sombra de lo que fuimos, lo que haces te hace que decían los masones. La insoportable levedad del ser que evita el eterno retorno; somos esclavos de nuestras biografias; Freud en el armario interpretando nuestros sueños; la culpa cristiana, el dolor de los pecados y el examen de conciencia; atenazados por las espectativas y las frustraciones. Awakening en un nuevo mundo sin nadie que me destroce la historia de mi mismo que quiero contar;  No me recuerdes. Tengo derecho a una nueva vida. A matar al padre, a que la felicidad de hoy no dependa del futuro de mi hija, a la vida en efimero, sin reproche. Que mierda la coherencia que nos hace prisioneros hoy de lo que pensábamos ayer, se dijo. Despertar a mil leguas en un viaje submarino. Romper las fotos, quemar los diarios; borrar el blog para siempre. Ana subió aquella mañana en el autobús sin mañana, dejó un adios pintado en el espejo, ni siquiera un te quiero.

martes, 25 de abril de 2017

Quien me ha robado el mes de abril.

Así se acabo el mes de abril de aquel diecisiete. Llovieron sobre el empedrado rafagas de luna. Se hizo oscuro, se apoderó de su mirada un dolor ajeno que le taladró la mente de lado a lado y cerró los ojos con el olor intenso a rueda quemada. Se supo flácido, desinchado, sin palabras. Se supo niebla, casi asfalto y regreso sobre su cabeza aquel manto oscuro que cubria el cielo y dejaba el paisaje sin aire,como envasado al vacío. Pensaba y se emborronaba. Colgaban sobre su espalda afiches clavados con alfileres y carteles de "Se busca". Pero no lo encontraron. Huia. Se abrieron sobre su mente imagenes de sexo hueco, con caras desencajadas y miembros desordenados que a veces penetraban con dolor y otras desaguaban flácidos  sobre cuerpos obesos.  Se emborracho de poemas de Andreu. Vomitó. Soñó hacerse iguana en el vacio de una carretera comarcal desierta. Solo se oia el cartel del motel con el neón en su último estertor y una risa lejana de una mujer sin dientes.

Al fin llamaron a la puerta. Miró por la grieta, venían a a buscarle varios hombres armados, sí a él, acreedores vengativos, sicarios malpagados o quizá fueran tan solo policias justicieros que pedirían mordidas por no llevarlo a la trena. Abrió de golpe. Se lanzó gritando sobre ellos en el deseo indisimulado de que le acribillaran a tiros para no sufrir más.
No lo hicieron.

martes, 11 de abril de 2017

Los tesoros de Iberlibro.

Para conmemorar el 80 cumpleaños de Carlos Castilla del Pino escritores, psiquiatras e intelectuales varios escribieron hace 15 años un par de páginas cada uno sobre el sabio cordobés.Y juntando las cuentas al final hicieron rosario en forma de libro. Me acabo de comprar esa joya descatalogada a través de Iberlibro que como sabeis es el mejor invento para los ratones de palabras como yo. 
He comenzado por el centro leyendo las dos de Muñoz Molina: "En la España del siglo XX, tan fertil en cambios bruscos, en largos periodos de estancamiento seguidos de convulsiones, ha sido muy frecuente el hábito de construirse uno un pasado a la medida de sus ambiciones de presente, tarea para la cual es tan importante el olvido y la simple mentira como la memoria adecuadamente selectiva".
Y en esas cuatro lineas ya rebosan las ideas de los yoes y del sujeto; del proyecto vital y del fracaso; de la culpa y el autoengaño para seguir viviendo. Todos ellos empapan el discurso entero de Carlos Castilla que me sirve desde hace años de amalgama para lo que vivo y leo.